• María Chi

El freelance tiene su precio

El trabajo de freelance me cayó como anillo al dedo de treintona con dedo del anillo a punto de un infarto terminal, o sea, me cayó re bien. Chambitas por todos lados. Que si había que escribir horóscopos para revistas de adolescentes, que si el artículo de "10 cosas que debes saber si vas a asistir al concierto de X", que si la cuidada de gatos aunque me diera alergia, la regada de plantas ajenas y la paseada de perros mini. Aceptar casi todo lo que llegaba de trabajo y comida y no contestarle al banco se había vuelto mi modo de vida. Sólo me faltaba cuidar niños pero, por muy necesitada, hay cosas para las que no se nace. De pesitos en pesitos iba separando el dinero de la renta, la luz, el gas, el agua, el teléfono, el internet, el mantenimiento y todas las responsabilidades que nunca imaginé que tendría que llevar. Vaya cruda económica que genera la fiesta, el uber y los intereses por falta de pago de mis tarjetas. Dos días antes de que me cortaran la línea del celular, me entró una llamada. Más chamba. Más responsabilidades de adulto que no te enseñan ni en Harvard.



Ahí estaba mi oportunidad para comer tres días más, mi amigo fotógrafo necesitaba un favor urgente y eso quería decir que podía pagar más que un favor normal. Necesitaba una modelo para unas fotografías que se mostrarían en una exhibición. Me daría lana si la conseguía y claro, se me hizo fácil. Te reto, abre Instagram ahora mismo y trata de no ver morritas-en-calzones-porque-si, ¿difícil, no?. A mí me parecía así pero, resulta que las morras que aparecen en calzones en Instagram, pensaban que era una cuenta falsa. No conseguimos modelos, ni siquiera amateurs, nada. El proyecto estaba en los últimos días de entrega así que tuve que ofrecerme para esas fotos, era arte, arte en calzones.


Compré un body para no tener que enseñar tanto, está bien que yo solita me tome nudes pero no es lo mismo a cuando sabes que la cámara del teléfono no tiene la misma resolución que una cámara profesional que resalta celulitis, estrías, cicatrices, etc., digo, una como quiera pero ¿qué dirán mis nietos?Eso si algún día tengo. El body, resultó ser una talla más chica, la mía estaba agotada y una más grande hacía que se me saliera todo porque mis kilos extra aún no se hacían curvas, sólo pancita. Las fotos se harían en el departamento de un amigo en común. Él, encantado observó todo el proceso y lo que pudo, nada más le faltaban los binoculares al muy cabrón.



Estuve horas en el piso posando una y otra vez, el body me quedaba tan chico que respirar resultaba una misión casi imposible. Mi piel ya no aguantaba, estaba marcada así que me bajé el body a la altura del bra y las fotos siguieron. Seguía acostada en la alfombra, mi amigo hacía como que no me veía y el fotógrafo estaba en una actitud muy pro haciendo su trabajo así que ¿cuál pena? yo en perra multiposes. Se escuchó la puerta, nos habíamos olvidado de los roomies.

Entraron los dos con seis personas más, empezaron a aplaudir y se quedaron ahí. Me puse color morado porque la pena de conocer a un guapo es algo tan equis cuando tienes ocho guapos enfrente viéndote, ya no podía fotografiar, todo me daba pena, me habían visto tirada en poca ropa, nos habían aplaudido y lo peor es que seguía llegando más gente y mi ropa, estaba en el baño que estaba ocupado, ni cómo pedir ayuda a Baywatch o algo.

—No te preocupes, estás entre puro productor y eso vemos todos los días. No seas vainilla.


Con amigos como esos, ¿para qué quiero enemigos?. Me puse la cobija que estaba en un sillón esperando ser la estrella (o no) de algún Netflix & Chill y los zapatos de 20 cms que hacen que ya no me sienta parte de la tierra media, tomé mi bolsa y me salí, en verdad les digo, siempre hay maneras de solucionar las cosas. La colonia Juárez es un lugar en el que nadie me notaría así que crucé la calle y fui a comer al Wendy’s de Reforma, ya no me importaba tener más kilos, igual hasta me funcionaba para que ya nadie me reconociera. Pedí una bolsa de papas fritas para llevar y regresé. En el camino, una pareja y una familia me dieron la bendición y $15 pesos. Al parecer, hay un precio para la vergüenza y a buscar hacer todo por un precio.

Nota: Sí pude pagar la renta.

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